El 7 de julio, Toyota comunicó el traslado gradual de la fabricación de la camioneta Tacoma desde Tijuana hacia San Antonio, Texas. La inversión de 3,600 millones de dólares incluye una segunda línea de ensamblaje, una nueva planta de ejes traseros y generará aproximadamente 2,000 empleos estadounidenses. El proceso de reubicación se completará hacia 2030. Este movimiento ocurre una semana después de que la administración Trump indicara su intención de renegociar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, sin mantener los términos actuales por 16 años adicionales. Si bien el acuerdo comercial permanece vigente durante las conversaciones, la señal dirigida a los consejos de administración fue clara: la estabilidad jurídica que ha sostenido tres décadas de integración productiva ya no está garantizada. Toyota emitió un comunicado manteniendo su compromiso con la región y solicitando una resolución rápida del tratado, pero su decisión de inversión habla más que sus palabras. Trump celebró la mudanza como un logro de su política arancelaria. La Secretaría de Economía respondió asegurando que el traslado será gradual y que Toyota continuará operando su planta de Guanajuato con 2,800 empleos directos, descartando motivos de preocupación. Expertos señalan que la industria automotriz, principal sector exportador del país, enfrenta la mayor exposición a cambios en las reglas comerciales norteamericanas. Mientras tanto, las inversiones en relocalización de cadenas de suministro que se esperaba llegaran a México están siendo capturadas por Estados Unidos. Los indicadores económicos internos refuerzan esta preocupación: el IMSS registra menos patrones afiliados y una desaceleración del salario real en 2026, mientras el peso enfrenta presiones derivadas de tensiones geopolíticas. La estrategia oficial de confiar en la cercanía geográfica con el mayor mercado mundial como factor competitivo fundamental está siendo cuestionada. Los tratados no se firman por proximidad, ni la geografía entrena ingenieros ni construye infraestructura eléctrica ni garantiza estado de derecho. A pesar de fabricarse apenas 30 kilómetros de la frontera, la Tacoma se marcha. Lo que está en cuestión trasciende a un vehículo: es el fundamento del modelo económico mexicano que presuponía que la integración con Estados Unidos era irreversible por beneficiar a ambas naciones. Esta premisa era válida mientras las reglas comerciales permanecieran estables. Cuando la política comercial se torna discrecional, la ventaja competitiva mexicana de producir a menores costos se desmorona.
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