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Terremoto de magnitud 7,7 deja a miles de panameños desalojados y en estado de alerta por constantes réplicas

Cientos de residentes panameños permanecen acampando en espacios públicos tras el devastador terremoto que azotó el país el viernes. Las familias, que han perdido sus viviendas o estas presentan daños severos, duermen en parques y plazas sobre colchones y sillas plegables, aterrorizados por la posibilidad de nuevos movimientos sísmicos. Gloria Gutiérrez, de 67 años, describe la situación desde el parque de Chitré, ubicado a 250 kilómetros al suroeste de la capital: Pasamos aquí toda la noche, muchos no dormimos, ya estamos instalados, de aquí no nos vamos. El sismo de 7,7 grados en la escala de Richter afectó principalmente las provincias de Herrera, Los Santos, Coclé y Veraguas en el centro del país. Aunque las autoridades reportan aproximadamente treinta heridos y ninguna víctima mortal, los daños estructurales son considerables. Viviendas, infraestructura educativa, hospitales, templos religiosos, edificios gubernamentales, puentes y vías de comunicación sufrieron deterioro significativo. En Chitré, ciudad con más de 66 mil habitantes, numerosas casas presentan colapsos parciales, techos derrumbados y paredes fracturadas. El servicio de electricidad permanece interrumpido. Desireth Villarreal, maquilladora de 29 años, perdió el cielo raso de su vivienda arrendada. Durante una entrevista, una réplica la obligó a abandonar precipitadamente su hogar. En Macaracas, provincia de Herrera, se observan estructuras completamente destruidas con escombros esparcidos. Javier Jiménez, jubilado de 68 años, debe pernoctar en la escuela local pues su casa acumula tejas destrozadas en la entrada. El temor es generalizado: Los sismos son constantes, no nos atrevemos a venir, expresa. Piero Mora, estudiante de 23 años, vivió momentos de pánico cuando los residentes salieron corriendo de sus domicilios sin saber qué hacer. Varios pueblos quedaron aislados debido a las grietas en el asfalto de las carreteras principales. El presidente José Raúl Mulino decretó estado de emergencia el sábado, permitiendo movilizar hasta 100 millones de dólares en asistencia humanitaria. La subdirectora de Protección Civil, Malitzie Rivera, confirmó la ausencia de muertes registradas hasta el momento. El ministro de la Presidencia, Juan Carlos Orillac, indicó que el decreto agilizará los trámites para acceder a los fondos de emergencia.

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