La reunión del 20 de julio será decisiva para determinar el futuro de la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, después de que Washington anunciara su rechazo a renovarlo por 16 años. En este contexto, Jameson Greer, principal negociador comercial del Gobierno estadounidense, expresó preocupación sobre el desequilibrio comercial entre ambas naciones durante un evento del Instituto Aspen en Colorado. Aunque reconoció que los mexicanos son pragmáticos, Greer enfatizó que el déficit comercial con México representa un desafío significativo para Estados Unidos. El superávit comercial mexicano frente a su vecino del norte se ha triplicado en menos de una década. En 2016, cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales por primera vez, este saldo favorable alcanzaba 63,271 millones de dólares. Para 2025, el superávit llegó a 197,000 millones de dólares, reflejando tanto la integración económica con la mayor potencia mundial como la competitividad del sector exportador mexicano. Desde la perspectiva de Trump y los halcones del movimiento MAGA, entre ellos Peter Navarro, este éxito mexicano se percibe como un abuso que ha generado desindustrialización y empobrecimiento en la clase trabajadora estadounidense. Aunque durante el primer mandato de Trump este tema no formaba parte de la narrativa oficial, ahora ha cobrado protagonismo. En sus declaraciones, Greer señaló que aunque el déficit con México es preferible al que existe con países asiáticos, debe ser controlado. Subrayó la necesidad de hacerlo sin generar disrupciones en las cadenas de valor globales, pero buscando incentivar que estas se reubiquen en territorio estadounidense. Esta posición refleja los argumentos presentados por Marcelo Ebrard y el equipo de la Secretaría de Economía mexicana, quienes han enfatizado que el contenido estadounidense en las exportaciones mexicanas es significativamente mayor al que posee China en sus envíos a Estados Unidos. Sin embargo, el contexto ha cambiado radicalmente para México. La estrategia de nearshoring que posicionaba al país como la mejor alternativa estadounidense para el desacoplamiento respecto a China ahora enfrenta una nueva realidad: la era del reshoring. Ya no basta con demostrar ser un mejor socio que el dragón asiático; ahora es necesario competir en un escenario donde Estados Unidos busca fortalecer su propia manufactura.
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