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Pemex y Petrobras firman acuerdo de colaboración mientras México enfrenta crisis financiera sin precedentes

Pemex y Petrobras suscribieron el pasado 23 de junio un Memorándum de Entendimiento en Brasil orientado a la exploración conjunta de oportunidades en aguas profundas, rehabilitación de campos maduros, procesos industriales e intercambio de conocimientos en marcos regulatorios. El acuerdo tendrá vigencia de dos años con posibilidad de prórroga, pero sin obligaciones vinculantes de inversión ni creación de asociaciones empresariales. Se trata de una iniciativa explorativa sin compromisos firmes. Los números revelan un contraste dramático entre ambas corporaciones. En los últimos 22 años, Petrobras aumentó su producción de 1.57 a 3.2 millones de barriles diarios, mientras que Pemex descendió de 3.38 a 1.65 millones. La brecha financiera es aún más pronunciada: Petrobras obtuvo ganancias por 19.6 mil millones de dólares en 2025 y proyecta inversiones de 415 mil millones hacia 2030. En contraste, Pemex registró pérdidas de 780 mil millones de pesos en 2024 y 45 mil millones en 2025, dependiendo de transferencias gubernamentales mensuales de 19 mil millones de pesos en 2026 para mantener operaciones. Petrobras opera en ocho países mientras que Pemex carga con 79 mil millones de dólares en pasivos financieros más 375 mil millones de pesos en deudas con proveedores. La transformación brasileña comenzó tras el escándalo de Lava Jato. En 2016, Brasil promulgó la Lei das Estatais, imponiendo a empresas estatales los mismos estándares que corporaciones cotizadas: consejos independientes, comités de elegibilidad para directivos y prohibición de nombramientos políticos sin supervisión. En octubre de ese año, Pedro Parente eliminó subsidios implícitos en combustibles vinculando precios a paridad internacional. Aunque la huelga camionera de 2018 generó turbulencias políticas, consolidó el saneamiento de la refinación. Petrobras ejecutó desinversiones estratégicas: ocho refinerías en venta, 105 campos onshore y de aguas someras en oferta, y privatización parcial de BR Distribuidora. La empresa se concentró en operaciones de aguas profundas e integró socios como Shell, Total, Equinor, ExxonMobil, BP, Repsol, CNOOC y Petronas mediante esquemas de farm-outs, donde Petrobras actúa como operador mientras los asociados aportan capital y tecnología. México abandonó este modelo en 2019, aunque actualmente lo retoma de manera indirecta. El éxito brasileño descansa en disciplina de mercado. La reducción de deuda de 126 a 51 mil millones de dólares entre 2014 y 2022 fue viable porque Petrobras cotiza en Nueva York desde 2000 y rinde cuentas trimestrales a accionistas minoritarios. Brasil se reformó tras enfrentar el mayor escándalo de corrupción regional, impulsado por presión judicial antes que convicción política. Sin embargo, estos avances están en reversión: retorna el subsidio a combustibles, se cancelan ventas de refinerías y el Estado retiene dividendos. México enfrenta situación inversa: protección política irrestricta sobre Pemex, ausencia de incentivos para auditoría y narrativa soberanista que Petrobras abandonó hace una década. En lugar de racionalizar activos, México adquiere refinerías adicionales.

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