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La paradoja energética de México: ambiciones tecnológicas con infraestructura insuficiente

México busca posicionarse como destino para centros de datos de inteligencia artificial, pero enfrenta un conflicto fundamental entre sus aspiraciones y su capacidad energética real. Mientras el país atrae inversiones multimillonarias en infraestructura tecnológica, su sistema eléctrico muestra signos de colapso en diferentes regiones. La demanda global de electricidad para centros de datos se duplicará entre 2024 y 2030, pasando de 415 a 945 teravatios hora según la Agencia Internacional de la Energía. Los servidores dedicados a inteligencia artificial crecerán aún más rápido, con incrementos anuales cercanos al 30 por ciento. Estados Unidos ya enfrenta presión: su consumo eléctrico alcanzará 4,364 TWh en 2027, mientras México consume apenas 358 TWh anuales en todo el país. Querétaro, la Ciudad de México y Monterrey concentran el 78 por ciento de la capacidad instalada de centros de datos mexicanos. Querétaro acumula inversiones por 8,000 millones de dólares con 600 megavatios en cartera de proyectos, pero apenas 160 instalados en 2024. El consumo de agua agrava la crisis: un centro de datos de un megavatio requiere 25 millones de litros anuales, lo que significaría hasta 15,000 millones de litros para toda la cartera proyectada, en acuíferos ya estresados. La realidad golpea en las calles. Entre junio y julio, 20 estados reportaron apagones y fluctuaciones de voltaje. Hermosillo sufrió un corte de más de 26 horas con temperaturas de 45 grados. El gobierno culpa a fallas de distribución, aunque la CFE opera transformadores con más de 40 años. La nueva normativa energética publicada entre marzo y octubre de 2025 mantiene el control estatal: CFE debe generar al menos 54 por ciento de la electricidad nacional, mientras SENER, CNE y CENACE controlan permisos e interconexión. Esta prevalencia estatal colisiona directamente con las exigencias de la industria por velocidad, certeza y contratos de largo plazo. La manufactura avanzada, vehículos eléctricos y nearshoring compiten por la misma red que colapsa durante olas de calor. Sin expansión de generación y transmisión, México administra escasez en lugar de diseñar política industrial. La comparación internacional evidencia la brecha. Meta construye un centro de datos de un gigavatio en Alberta, ampliable a 1.8, y financia su propia generación y red. En México permanece sin respuesta quién asume estos costos: ¿CFE, el gobierno o millones de usuarios ajenos a la inteligencia artificial? Los apagones del verano revelan que sin megavatios adicionales, agua garantizada y claridad sobre el financiamiento de la red, las ambiciones tecnológicas chocan contra realidades infraestructurales ineludibles.

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