El pasado lunes, la administración estadounidense firmó la orden ejecutiva Restoring Integrity to America’s Financial System, que ha generado cobertura limitada en México bajo el titular simple de golpe a remesas. Sin embargo, el análisis profundo del documento revela implicaciones que trascienden lo operativo e impactan directamente en cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de estos flujos financieros. La orden es taxativa: instruye al Departamento del Tesoro a elaborar, en 60 días, un Advisory sobre transferencias internacionales de bajo monto, la definición precisa de una remesa. Este documento identificará factores de riesgo como el uso de ITIN en lugar de Social Security, operadores de dinero no registrados, fragmentación intencional de envíos por debajo de umbrales de reporte, patrones ligados a salarios de sistemas informales e identificaciones de origen consular. En 90 días se modificará la Ley de Secreto Bancario para intensificar la debida diligencia sobre clientes. En 180 días, cambios potenciales en programas de identificación. Simultáneamente, el CFPB tendrá 60 días para confirmar que deportación y pérdida salarial son criterios válidos para evaluar capacidad de pago, permitiendo a bancos rechazar créditos a indocumentados sin consecuencias regulatorias. Lo realmente revelador no reside en las medidas mismas, sino en lo que obligan a examinar. Durante años, los números de remesas han presentado inconsistencias. Entre 2020 y 2024, el flujo creció de 40,000 a casi 65,000 millones de dólares, un incremento del 60% en cuatro años, mientras la población migrante mexicana en Estados Unidos no experimentó crecimiento equivalente ni mejoras salariales en esa magnitud. Banxico careció de explicación clara para esta discrepancia. En 2025, el flujo disminuyó 4.6%, la caída más severa desde 2013, coincidiendo con endurecimiento migratorio. Actualmente, el 99.1% de remesas transita por sistemas electrónicos formales, exponiéndose al nuevo escrutinio regulatorio. Si la corrección persiste, no se trata únicamente de dinámicas laborales o comportamiento del peso: representa la depuración de un flujo que contenía componentes adicionales a ingresos de trabajadores. Para México, los desafíos operan en tres ejes. Primero, el sector financiero: BBVA, Banorte, Citibanamex y operadores de servicios monetarios receptores de los 61,000 millones deberán absorber costos de verificación de identidad expandida y trámites estadounidenses adicionales, incrementando comisiones y rechazos. Segundo, la economía nacional: remesas representan 3.4% del PIB y sostienen consumo en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Zacatecas; una caída adicional de 5 a 10 por ciento generaría recesión silenciosa en esas regiones. Tercero, Hacienda y Banxico enfrentarían erosión de colchón cambiario.
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