Durante los primeros ocho meses de 2026, la brecha comercial en el sector acerero entre México y Estados Unidos alcanzó niveles sin precedentes. Según información del Departamento de Comercio estadounidense, el déficit mexicano en este rubro experimentó un incremento de 65.3 por ciento en comparación con el mismo período del año anterior, llegando a 5,244 millones de dólares. La situación refleja un desequilibrio estructural en el comercio bilateral, donde México importa significativamente más acero del que exporta. Las compras mexicanas de acero y productos derivados totalizaron 10,311 millones de dólares entre enero y agosto, representando un aumento de 14.2 por ciento respecto a 2025. Simultáneamente, las ventas mexicanas de estos mismos productos descendieron 13.5 por ciento, ubicándose en 5,067 millones de dólares. Este fenómeno obedece en parte a las políticas arancelarias vigentes. Estados Unidos mantiene gravámenes de entre 25 y 50 por ciento sobre importaciones de acero, aluminio y cobre, independientemente de su procedencia, aunque con excepciones limitadas derivadas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Por su parte, México no aplica aranceles sobre estos mismos productos estadounidenses. El acero importado por Estados Unidos se utiliza principalmente en construcción, manufactura automotriz, industria energética y producción de electrodomésticos, sectores donde la oferta doméstica resulta insuficiente. A nivel continental, las importaciones totales estadounidenses de acero cayeron 15.4 por ciento en términos anuales, totalizando 40,751 millones de dólares, mientras que sus exportaciones crecieron 5.4 por ciento hasta 27,918 millones. Los analistas anticipan que estas dinámicas comerciales continuarán con reglas más estrictas de origen que entrarán en vigencia en 2027, las cuales requerirán que el acero utilizado en vehículos sea producido dentro de la región norteamericana. Con respecto a Canadá, las exportaciones estadounidenses de acero disminuyeron 8.8 por ciento a 6,283 millones de dólares, mientras que las importaciones cayeron 25.3 por ciento a 4,899 millones. En conjunto, ambos países vecinos absorbieron 59.4 por ciento de todas las exportaciones estadounidenses de acero y manufacturas durante este período, evidenciando la interdependencia de las cadenas productivas regionales.
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