Dodge presenta su nueva Super Bee, un modelo diseñado para reconquistar a los entusiastas que se alejaron de la marca tras la introducción de versiones eléctricas del Charger. Con el regreso de este icónico nombre, la compañía busca consolidar su posición en el segmento de los deportivos de alto desempeño. El corazón de esta bestia es un motor biturbo de seis cilindros en línea con cilindrada de 3.0 litros, equipado con turbos Garrett de 56 milímetros que generan 600 caballos de potencia y 531 libras-pie de torque. La potencia se canaliza a través de una transmisión automática de ocho velocidades con tracción integral, incluida la capacidad de cambiar a tracción trasera exclusivamente. El rendimiento es espectacular: alcanza los 96 kilómetros por hora desde el reposo en apenas 3.6 segundos, superando por 0.1 segundos al tradicional Charger Hellcat. En la prueba del cuarto de milla, el tiempo es de 11.8 segundos, 0.8 segundos más lento que su rival más potente. Para soportar sesiones intensas en circuito, Dodge implementó un sistema de refrigeración completamente renovado. El aspecto dinámico también mejoró significativamente con pastillas de freno 27 por ciento más grandes, pinzas Brembo de seis pistones en el eje delantero y discos de 16 pulgadas en ambos ejes. Las llantas son Goodyear Eagle F1 Supercar 3 montadas en rines de 20 pulgadas adelante y 21 atrás. Estéticamente, el Super Bee luce una fascia rediseñada con mayor número de tomas de aire. La edición de lanzamiento se presenta con pintura amarilla denominada Sucker Punch, combinada con detalles negros brillantes y gráficos que unifican la paleta cromática. Dodge no ha revelado el precio, pero confirmó que será una producción limitada, por lo que la demanda determinará la disponibilidad final del modelo.
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