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Casi se llama Correcaminos: La anécdota olvidada del legendario motor V8 Coyote de Ford

A finales de los años 2000, Ford enfrentaba un dilema en el segmento de los pony cars. Mientras General Motors relanzaba el Chevrolet Camaro con el potente LS3 de 6.2 litros y Chrysler apostaba fuerte con sus motores HEMI de 5.7 y 6.4 litros en modelos como el Charger y el Challenger, el Mustang se quedaba rezagado con su anticuado V8 modular de 4.6 litros. La compañía necesitaba urgentemente un nuevo motor que superara los 400 caballos de fuerza para mantener competitivo su icónico automóvil. Así surgió el proyecto Coyote, que debutaría en 2011 en el Mustang GT. Contrario a lo que muchos creen, el nombre no proviene del personaje de dibujos animados de Warner Bros. Durante su desarrollo, un ingeniero sugirió el apodo como homenaje a A.J. Foyt, el legendario piloto de carreras que dominó las 500 Millas de Indianápolis en los años 60 y 70 pilotando monoplazas Coyote impulsados por motores de carreras Ford. Sin embargo, esta elección resultaría en una de las anécdotas más irónicas de la industria automotriz. El motor Coyote revolucionó el concepto tradicional del V8 estadounidense. En lugar de confiar únicamente en una gran cilindrada, Ford implementó un sistema de doble árbol de levas en la cabeza con 32 válvulas y distribución variable independiente doble, permitiendo ajustar el tiempo de apertura y cierre de válvulas por separado. El resultado fue un motor de 5.0 litros altamente eficiente a altas revoluciones sin sacrificar potencia en bajas vueltas. La primera generación lanzada entre 2011 y 2014 produjo 412 caballos de fuerza y 390 libras-pie de torque. Para lograr esto, Ford utilizó paredes de bloque extremadamente delgadas y desarrolló un sistema de enfriamiento ultrapreciso con inyectores de aceite dirigidos directamente a la base de los pistones. El giro irónico llegó cuando Ford creó una variante mejorada para el Mustang Boss 302, generando 444 caballos de fuerza con culatas mecanizadas por CNC, válvulas rellenas de sodio y pistones forjados. Los ingenieros internos bautizaron esta versión más potente como Road Runner, es decir, Correcaminos. El apodo nunca llegó al mercado público debido a que Plymouth poseía los derechos comerciales del nombre desde los años 60. De este modo, quedó registrada en la historia una de las curiosidades más fascinantes de la industria del motor: el motor Coyote estuvo a punto de nombrar a su variante de máximo rendimiento con el nombre de su propia presa en los dibujos animados. Posteriormente, la segunda generación del motor, lanzada entre 2015 y 2017, incorporó las mejoras respiratorias del Boss 302, elevando la potencia a 435 caballos de fuerza y continuando su evolución en versiones posteriores.

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