Los trabajadores inscritos en el sistema de pensiones afore, es decir, quienes comenzaron a contribuir al IMSS después del primero de julio de 1997, disponen de cuatro opciones para su jubilación: retiro programado, pensión mínima, Fondo de Pensiones del Bienestar y renta vitalicia. La renta vitalicia funciona mediante un contrato entre el pensionado y una aseguradora autorizada. El trabajador entrega el saldo acumulado en su cuenta individual y la institución aseguradora se compromete a otorgarle una cantidad mensual fija, ajustada anualmente por inflación, durante toda su vida. Este esquema proporciona certidumbre financiera ya que garantiza ingresos permanentes sin importar cuánto tiempo viva el jubilado. Para acceder a este servicio, el IMSS proporciona el listado de aseguradoras autorizadas. Adicionalmente, es obligatorio contratar un seguro de sobrevivencia para que los herederos reciban prestaciones tras el fallecimiento del pensionado. Entre las características principales destacan: la pensión está garantizada de por vida con ajustes inflacionarios, los beneficiarios reciben pensión si el titular fallece, no se otorga aguinaldo, se mantiene la cobertura médica, y es posible retirar en una sola ocasión los recursos del SAR 92, Vivienda 92 y aportaciones voluntarias. Los recursos no utilizados para la pensión no pueden ser heredados. Respecto al monto necesario, no existe una cifra mínima establecida por ley. La cantidad depende de factores personales como edad de retiro, género, esperanza de vida, beneficiarios y ahorros acumulados. Según especialistas en retiro, para obtener una pensión mensual de 4,700 pesos se requieren aproximadamente 1.5 millones de pesos en la afore, mientras que para una renta vitalicia de 16,500 pesos mensuales se necesitan más de cinco millones de pesos. Las aseguradoras, considerando el aumento en la longevidad, tienden a ofrecer pensiones más conservadoras para reducir sus riesgos financieros.
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