Un relevamiento de la Defensoría del Pueblo en 97 partidos de Buenos Aires revela una situación crítica en las finanzas familiares: más de la mitad de los hogares que accedieron a créditos lo hicieron para adquirir alimentos, un indicador preocupante que señala el colapso del poder adquisitivo. Según el estudio, el 56.9% de las familias utilizó préstamos destinados a compras de comida, mientras que el 30% lo empleó para cubrir gastos de vivienda, el 29.5% para servicios esenciales como electricidad y gas, y el 28.5% para atención médica. Este fenómeno refleja cómo el financiamiento ha dejado de ser un instrumento para adquisiciones excepcionales y se ha convertido en un mecanismo de supervivencia económica cotidiana. La estructura del endeudamiento agrava aún más la vulnerabilidad. Poco más de la mitad de los hogares, concretamente el 51.9%, recurre a fuentes informales de crédito, ya sea como opción exclusiva o combinada con el sistema bancario tradicional. Solo el 48.1% logra acceder únicamente a préstamos bancarios, mientras que cuatro de cada diez familias requieren múltiples fuentes de financiamiento simultáneamente. Entre los hogares que contrajeron deuda en el último año, el 73.5% aún mantiene obligaciones pendientes. Para el 40% de estos, las cuotas mensuales superan el 50% de sus ingresos, dejando escasos recursos para necesidades básicas. Ocho de cada diez hogares endeudados reportan dificultades para cumplir compromisos, y el 31.7% ya acumula pagos atrasados. Las dificultades no son coyunturales: el 84.1% de quienes enfrentan problemas de pago señala que la situación persiste desde hace más de seis meses, confirmando que se trata de un problema estructural antes que de un ajuste temporal.
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