Detrás de la cifra de 9,500 estudiantes beneficiados por el programa Escuelas de Lluvia hay rostros concretos: niñas y niños de ocho comunidades de Tlajomulco cuya jornada escolar cambió gracias al acceso al agua.
Son estudiantes de escuelas públicas de Santa Cruz de las Flores, Cofradía de la Luz, Tepetates, San Isidro Mazatepec, Villas Terranova, Soledad de Cruz Vieja, Lomas del Sur y Rancho Alegre. Comunidades periurbanas donde el agua siempre fue un recurso escaso.
Para estos 9,500 estudiantes, el impacto se mide en cotidianidad. Baños que funcionan. Agua para beber durante las clases. Jornadas que ya no se interrumpen por falta de abasto. Cambios que parecen pequeños, pero que definen la calidad de la experiencia escolar.
El programa que Laboratorios PISA impulsa alcanzó esta cifra mediante la instalación de más de 25 sistemas de captación pluvial. Cada sistema abastece a una comunidad escolar completa, lo que explica el alcance humano del proyecto.
Pero los beneficiarios no se agotan en la cifra de estudiantes. Alrededor de cada escuela hay familias que dejaron de mandar a sus hijos con garrafones de agua, maestros que trabajan en mejores condiciones y comunidades que ven en su escuela un espacio digno.
Los 9,500 estudiantes de Escuelas de Lluvia son la medida más concreta del impacto del programa en Tlajomulco. Cada uno representa una jornada escolar transformada por algo tan básico y tan decisivo como el acceso al agua.