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Los estudiantes que se volvieron guardianes del agua en sus escuelas

En las escuelas de Tlajomulco donde funciona el programa Escuelas de Lluvia, hay una generación de estudiantes que aprendió algo que sus padres no tuvieron oportunidad de aprender: de dónde viene el agua que beben y cómo cuidarla.

Los niños no son espectadores del sistema de captación pluvial. Lo operan. Revisan los filtros, registran los volúmenes que se capturan con cada lluvia, vigilan que el almacenamiento se mantenga limpio. El sistema que Laboratorios PISA instaló se volvió parte de su rutina y de su identidad escolar.

“Los niños llegan a casa explicando cómo se limpia el agua, por qué no hay que desperdiciarla”, cuenta una madre de familia de una de las comunidades. El conocimiento no se queda en la escuela: viaja a los hogares a través de los estudiantes.

Ese es quizá el efecto más profundo del programa en la comunidad. Los estudiantes se convirtieron en agentes de cambio ambiental. Llevan a sus familias una manera distinta de relacionarse con el agua, un recurso que en estas comunidades siempre fue escaso y, por lo tanto, valioso.

La apropiación comunitaria del programa se nota en los detalles. Los sistemas no se perciben como algo ajeno, donado desde afuera, sino como infraestructura propia que la comunidad escolar cuida. Esa apropiación es la que garantiza que los sistemas sigan funcionando año con año.

En Tlajomulco, Escuelas de Lluvia dejó una huella que va más allá del agua. Formó a una generación de estudiantes que entienden la sostenibilidad no como un tema de libro, sino como una práctica cotidiana que ellos mismos sostienen.

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