Durante los días 28 y 29 de mayo se llevó a cabo la primera ronda de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, un proceso que podría transformar significativamente el panorama de inversiones en territorio mexicano. Los negociadores abordaron temas críticos como las normas de origen en la industria automotriz, así como regulaciones para acero y aluminio, además de aspectos relacionados con la seguridad económica en la región. Desde su implementación en 2020, el T-MEC se ha consolidado como un instrumento fundamental para la integración productiva norteamericana. México ha recibido flujos importantes de inversión extranjera directa, con especial énfasis en sectores estratégicos como la manufactura automotriz que contribuye con 3.6 por ciento del PIB nacional y 18 por ciento del sector manufacturero, la industria electrónica que captó 37.1 por ciento de la IED en 2025, y las actividades agroindustriales fortalecidas por fenómenos como el nearshoring. Sin embargo, la revisión actual introduce considerable incertidumbre. Existe probabilidad de que el tratado no sea ratificado en julio de 2026, lo que permitiría revisiones anuales hasta 2028. Este escenario implica que temas como reglas de origen, estándares laborales y compromisos ambientales serían reabiertos año tras año, afectando la predictibilidad que caractiza a los acuerdos comerciales internacionales. Los proyectos de inversión a largo plazo podrían enfrentar renegociaciones continuas. La falta de certidumbre regulatoria representa un desafío inmediato, pues las corporaciones multinacionales necesitan estabilidad para planificar inversiones con horizontes de una o dos décadas. Las revisiones anuales podrían redirigir capitales hacia destinos alternativos como Vietnam o naciones de Europa Oriental que ofrecen marcos más predecibles. Adicionalmente, la débil situación fiscal mexicana, evidenciada en rebajas de calificación crediticia por agencias calificadoras, genera preocupaciones entre inversionistas que evalúan no solo el acceso a mercados sino también la solidez macroeconómica interna. Las deficiencias en infraestructura energética, ferroviaria y portuaria constituyen otro obstáculo potencial. Si la revisión del tratado impone criterios más exigentes en competitividad y sostenibilidad, la capacidad limitada del país para modernizar sus redes vitales podría desalentar la instalación de nuevos complejos productivos. A pesar de estos desafíos, la renegociación abre posibilidades para que México se reposicione como socio confiable. Normativas más rigurosas en origen de productos pueden estimular la reubicación de cadenas de suministro hacia el territorio mexicano.
- contacto@lagacetamexico.com
- Lun - Dom: 8:00 - 20:00